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Miguel Sebastián: “El próximo Gobierno, si le toca bonanza, deberá ser valiente y afrontar las reformas para modernizar España”

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* El exministro socialista, protagonista del acto que Foro Nueva Murcia celebrará mañana viernes en Agalia Hotel, ofrecerá una rueda de prensa a las 13.00 horas

“Todo el país creció a una, nos creíamos los amos del mundo y a nadie se le ocurría preguntarse por qué éramos precisamente nosotros los más listos de la clase”. El ex ministro socialista Miguel Sebastián se refiere así a los años del llamado milagro económico español en su libro ‘La falsa bonanza’, que presentará en Foro Nueva Murcia mañana viernes, 20 de noviembre, en un acto que comenzará a las 13.30 horas y que tendrá lugar en Agalia Hotel. Previamente, el que fuera responsable del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio entre los años 2008 y 2011, con el Gobierno de Zapatero, ofrecerá una rueda de prensa (13.00 horas en el Salón Belluga de Agalia Hotel).

Durante su intervención en Foro Nueva Murcia, Miguel Sebastián (Madrid, 1957) abordará los errores y excesos que se cometieron en “la España de las vacas gordas” y que fueron el caldo de cultivo de la posterior crisis. Igualmente, ofrecerá su análisis sobre los distintos temas de la actualidad que se le planteen. Estas son algunas de las respuestas que ofrece sobre aquella “falsa bonanza” el ex ministro de Zapatero, quien actualmente imparte clases de Análisis Económico en la Universidad Complutense de Madrid.

¿Qué había detrás de esa falsa bonanza de la que usted habla en su libro?

El libro abarca la década previa al estallido de la Gran Recesión, lo que se ha venido en calificar como los años del milagro económico español o del “España va bien”. El país empezó a acumular grandes excesos que ocultaban fuertes desequilibrios y que con el tiempo nos iban a pasar la factura que ahora estamos pagando. Pocos economistas y ningún político alertaron entonces de esos excesos. Tampoco nadie en los mercados financieros parecía mostrar ninguna inquietud por la acumulación de excesos.

¿Qué parte de autocrítica hay en el análisis que ha realizado?

El análisis abarca la política económica seguida desde 1998 hasta 2008. Una parte de esos años corresponde al Gobierno de Zapatero, pero es una parte pequeña comparada con la gran responsabilidad que tiene el Gobierno de Aznar y Rato, que son los que gobernaban el país cuando España entra en el euro y bajo cuyo mandato se montaron todas la burbujas. Pero nosotros también debemos ser autocríticos, podíamos haber hecho más. Pinchar una burbuja es prácticamente imposible, pero sí evitar que se hinche. Algunas cosas se hicieron, pero ya era tarde.

¿Qué consecuencias trajo la entrada en el euro?

Las consecuencias fueron, por un lado, que se abandonaron las reformas estructurales, tras el esfuerzo realizado en las políticas anti-déficit y anti-inflacción, para poder entrar en la moneda única; y, por otro, se asistió impasible a una entrada masiva de capitales extranjeros, a una caída de los tipos de interés y a una necesidad de aumentar el volumen de crédito nacional para garantizar los resultados del sector financiero. Sin el exceso de crédito no hubiera habido burbuja inmobiliaria, ni energética, ni de deuda corporativa no financiera.

Ha comparado la burbuja inmobiliaria con el ingrediente secreto de la Coca-Cola

Como en la Coca-Cola, este ingrediente final era el ingrediente secreto. La burbuja inmobiliaria no se aceptaba, no se reconocía y no existía, hasta que definitivamente se destapó como la responsable final de la fórmula magistral de nuestra crisis económica. El ‘boom’ inmobiliario experimentado particularmente a partir de 1998 encuentra su origen en la Ley del Suelo del Gobierno de Aznar y su extensión posterior a todas la Comunidades Autónomas, que eran las que tenían mayores competencias urbanísticas. Cuanto más pequeña era la Administración Pública, más se veía beneficiada por el ‘boom' inmobiliario. Sirva como ejemplo que sólo la recaudación del impuesto de transmisiones jurídicas y actos jurídicos documentados representaba el 12% de los ingresos de las comunidades autónomas como promedio nacional.

¿Qué errores se cometieron en el tema de las energías renovables?

España fue un país pionero en el despliegue de las energías renovables, una apuesta que no debemos abandonar ni a la que debemos renunciar. Pero precisamente por ser un país pionero, pagamos las novatadas en la forma en que se llevó a cabo ese despliegue.

¿Cómo podemos evitar caer en los mismos excesos?

Parece conveniente acudir a organismos públicos supervisores que se encarguen de esta tarea de control. Esto atañe principalmente al Banco de España como órgano vigilante y regulador del sistema financiero. Pero también sería conveniente que existiera en el Congreso de los Diputados una oficina de riesgos, independiente de cualquier Gobierno, más allá de la ya existente presupuestaria de control de gastos.

“ESPAÑA NECESITA UN ACUERDO DE ESTADO SOBRE LAS PENSIONES”

¿Cuáles son los retos que la economía española tiene pendiente?

La reforma laboral ha fracasado, la financiera no se ha terminado y la fiscal no se ha llevado a cabo. En el tema de modelo productivo no se ha hecho nada, siendo nuestra productividad por hora muy baja; y en el terreno educativo se ha hecho una reforma efímera no consensuada. El envejecimiento demográfico supondrá un reto para la sostenibilidad, tanto por las pensiones como por el gasto sanitario. España necesita un debate nacional sobre el sistema de pensiones y llegar a un gran acuerdo de Estado, a semejanza de los Pactos de la Moncloa.

El próximo Gobierno, si le toca la bonanza, deberá afrontar esas reformas. Queremos y necesitamos un Gobierno valiente, que tenga la voluntad de abordar las reformas que conduzcan a una verdadera modernización de España. No queremos ni un Gobierno asentado en la autocomplacencia del “España va bien”, ni un Gobierno que sólo plantee lo fácil que es repartir la riqueza, olvidando lo difícil que es crearla.

Usted aboga por “algo parecido” al contrato único…

En la profesión se ha extendido la idea de que un contrato único con costes de despido que sean crecientes con la antigüedad del trabajador resolvería el problema de la temporalidad y ayudaría a reducir el paro cíclico y el paro estructural. Este contrato se aplicaría sólo a los nuevos trabajadores y, por tanto, no alteraría las condiciones de los trabajadores que tuvieran empleo en el momento de su aprobación.

 

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